El Camino de Santiago; la terapia

Camino de Santiago; terapia natural

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Todo el mundo coincide en que el Camino de Santiago sirve de terapia y cambia a las personas.
Los que emprenden este viaje se ven expuestos a nuevas experiencias y todo es muy diferente a la realidad que viven en su vida cotidiana.
Los peregrinos pasan semanas, incluso meses, lejos de su entorno y de las facilidades de un hogar. Y por supuesto, también les afecta el no estar en contacto con los seres queridos.
Este distanciamiento de todo lo que consideramos básico en nuestra vida provoca una inevitable reflexión y en general, aporta una nueva perspectiva de la situación vital.

El objetivo de mucha de la gente que inicia el Camino de Santiago es curiosamente, que actúe como terapia. El Camino es largo y hay mucho tiempo de silencio, forzando a la reflexión.
La experiencia del Camino es muy gratificante, tanto si se hace en solitario como acompañado. Si el peregrino se decanta por el primer caso, será inevitable forzar conversación e incluso entablar buena relación con desconocidos. Sin duda esta socialización es especial puesto que la situación es más extrema y única.  Este tipo de encuentros casuales en el Camino son muy enriquecedores y puede considerarse una forma de terapia el aprender de otros.

Si se realizan las etapas con amigos o familiares, los vínculos se refuerzan aunque también pueden ponerse a prueba las relaciones. Podría considerarse una terapia en este sentido también. La nueva perspectiva que aporta el Camino de la vida gracias a las nuevas experiencias sensoriales o al esfuerzo que supone superarse en cada etapa es innegable.

Como dato curioso, el público fuera de temporada estival ha variado: si antes en estas épocas del año el porcentaje de peregrinos era en su mayoría el de jubilados y prejubilados, ahora aumentó el número de peregrinos de edades más jóvenes que están en paro. El Camino también sirve como terapia para aquellos que se encuentra en búsqueda de empleo.

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